Berrinches
¿Hasta dónde
llevar la atención sin que esto se convierta en sobreprotección?,
¿cuándo empezar a decir que "no" a algunas de
sus demandas? y ¿cómo lograr esto y que el bebé
se siga sintiendo querido? Estas preguntas que rondan a las mamás
como fantasmas llegan a su clímax cuando se enfrentan al primer
berrinche. Si a esto le aunamos el atinado comentario de: "qué
carácter tiene ¿verdad?", "¡te va a costar
un trabajo este niño!", "¿así te hace
siempre?"
Pero ponte en el
lugar del bebé, ellos sienten que lo que no pueden hacer ahora
no podrán hacerlo nunca y esto los hace sentirse verdaderamente
desolados. El disgusto y la desesperación lo hacen perder el
control de sí mismo.
Chillidos, patadas
y llanto desconsolado son las manifestaciones más comunes de
su estado de ánimo. Casi siempre esta explosión de emociones
hace que se olvide de lo que originó el berrinche. Por eso el
niño frustrado tarda en volver a la normalidad y luego se queda
tristón (entre más grande el sentimiento perdurará
más).
Pero el sentir frustración
no es perjudicial, al contrario, de ella se aprenden los límites
entre lo que se puede hacer y lo que no, además de entrenarlos
en la capacidad de aspirar a algo, de luchar por conseguir una meta.